Deshilando el misterio de nuestra amistad
A veces he imaginado mi vida como la maraña misteriosa de muchos cariños y ternuras, la de todos aquellos que han querido confundir sus hilos con los míos en esta loca aventura que es la vida, metida en el costado del tiempo y la distancia, su hermanita. Y he que, descifrando una vez más estas hebras silenciosas, te encuentro de nuevo, tan vivo y radiante como la primera vez. Y te digo que me alegro, con la alegría contagiante de una guitarra en fiesta, para compartir, de nuevo, y contigo, ese gustito dulce del cariño, que es lo que siento y sentiré siempre por ti.
Hermano, amigo de travesuras infinitas, te confieso que en el último tiempo me he sentido muchas veces solo y triste, atacado por ese extraño mal de la pregunta y de la búsqueda. Hubiese querido recurrir a la inocencia antigua, pero ya veo que esta humilde niña se ha hecho grande y se resiste a las canciones y cuentos de antes. Me he preguntado muchas noches por el sentido del silencio y de la pérdida. Y es que hay cosas que aún no veo claras. Y es entonces cuando, en medio de mis angustias, me agarro a lo único cierto, mi instinto por seguir viviendo y todos los que amo.
Sigo en esto de lo que soy aprendiz eterno: saber vivir con lo que hay, con las primaveras y los inviernos. A veces se me hace agrio el camino, pero sigo encontrando sabor y dulzura en cada vuelta de la esquina. No sé si soy un poco más sabio o más escéptico, pero he aprendido a vivir en el ahora del aquí. No ha sido fácil, pero bien sé que no se puede vivir de las promesas de un cielo cuyas raíces no crezcan ya entre nosotros. Pero a veces quisiera tener aquí a todos los que amo, para verme y verlos una vez más reproducidos y transfigurados por la mirada del cariño, la misma de aquel niño de la lágrima que nos sigue confundiendo con su inocencia.
Por ello, a pesar de la nueva sabiduría de lo presente, quisiera a veces tenerte aquí, para que tomaras conmigo el pan duro y los vinos dulces de mi mesa. Tenerte aquí para que me siguieras purificando con tu sonrisa, con Vallejo y sus honduras, con tu gracia de piajenos, chicha y algarrobos, con tu Silvio y tu guitarra que ha aprendido caminos nuevos, lejos ya de su maestro primero. Contigo, se harían nuevas las canciones antiguas y los amigos de antes. Y nos alumbraría el sol de la mismas calles y las cordilleras de los paisitos amados. Y sobre todo, respiraría el aire dulce de tu última poesía con la misma emoción de la primera.
Por ello, por todo ello, por lo dicho y lo callado, por los corto y largometrajes, por el callejero con derecho propio y el papalote de nuestra última canción, te hago presente en mi único presente, en el silencio de mi noche y en mi última alegría, reúno toda mi ternura y confidencia y me alegro una vez más por tu vida, única, brillante ... y te abrazo con el corazón lleno de mundo.
Etiquetas: amistad despedida




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